Le pediste que se fuera, que desapareciera y creíste que como siempre volvería para hacerte saber lo que es la entrega. Pero pasaron los dos días hábiles que demoraba en golpear tu puerta; Comenzaste a desesperarte, a pensar donde podría estar esa mañana, y caminaste por toda tu casa, como si por arte de magia apareciera en la pieza o el baño. Miraste muchas fotos y leíste papeles que ahora no eran mas que hojas escritas para cualquiera que no fueras tu.
En ese momento abriste los ojos y confirmaste que no existía nada de lo que algún día comenzaste a construir. Tuviste ganas de llorar, correr y gritar, pero recordaste que los hombres no lloran, asique lo mezclaste con tu orgullo masculino y decidiste seguir con la garganta atada a la rabia, la frustracion, la autocompasion ridícula.
Te paraste en la puerta, estuviste a punto de salir a buscarla, pero logicamente tu estúpido machismo te retuvo y recosto en el sillón. Te resignaste, no tuviste mas consuelo que buscarla dentro de ti, envuelta en tus brazos, sometida a tus labios, buscarla incluso en ese lugar en el que guardas lo inútil, pero tampoco estaba ahí; Te preguntaste donde, como, por que, con quien y no sirvió de nada.
Por fin empiezas a darte cuenta cuan solo estas, cuan patético eres, por fin empiezas a asumir que eres un pobre hueón miserable.
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