domingo, 7 de noviembre de 2010

Caen las piedras de nuevo, caen sobre tus manos y piensas que es algo mas que traspasar el umbral de las heridas. Das un paso mas buscando la compasión que dejaste ir algún día y crees que no podría nada ser mejor.

Deseas hacerte daño otra ves solo para ayudar a los demás a no observar lo mal que estas, pero no sirve, todos saben que no paras de llorar, de lamentarte y me siento tan mal, anhelábamos tanto cada día. Aquella noche cerramos los agujeros que se escondieron una mañana entre tu ropa y la mía temiendo morir. Aun guardo el miedo que recogimos de la basura para burlarnos un rato de la gente curiosa que nos miraba sin entender nada... Así deberíamos perdernos, nadando en cometas que jamas caerán, a pesar de que las órbitas vayan siempre en contra, tu sabes que no hay razones para no redactar espontáneamente cada situación y quizás te juzgaran por saber lo que debes decir, sabe tan dulce cuando logras concretarlo.

Pero esas mismas piedras han hecho que ya no puedas hablar ni oír, sin embargo sigues sonriendo, fingiendo.

Todos son algo especial cuando deciden mostrarse como quieren. Es como cocinar con dedicacion sin parar de sonreír y saborear lo imaginario.

Y asi delicadamente mis manos se adaptaran a tus labios y las tuyas dejaran por fin caer las piedras al suelo y obtendrás esa risa infantil que nunca has podido borrar, pero ahora sera de verdad.

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