A lo escuchó con atención, lo miro a los ojos desgarrandoce para convencerlo que su sospecha de que lo sabia todo era solo paranoia.
Z le dio mas respuestas, mas excusas, mas explicaciones de las que A pidió. De hecho no pidió ninguna, solo guardo silencio. No tenia nada que decir.
A recordó las veces que ensayo y busco las palabras para preguntar que pasaba, sin suavidad exigiría a Z alguna explicación convincente aunque probablemente dolorosa. Y ahora no era capaz de articular palabra, veía todo paralizado y no hacia mas que apretar sus manos fuertemente para descargar de alguna forma la tensión que invadía su cuerpo, su cabeza, su ser completo. Sabia todo lo que estaba escuchando, pero no sabia como ni porque lo sabia, quizás realmente se conocían mas de lo que creían. Se dio cuenta que cobardemente prefería la omisión.
Z seguía hablando, intentaba acercarse, buscaba un abrazo, anhelaba como nunca rozar los labios de quien comenzaba a perder. Tenia esa expresión de culpa y disculpa. Pero A se alejaba, bajaba la mirada y se concentraba en el suelo sin existir. Cada palabra que salia de la boca de Z no lograba nada mas que hacer la situación mas incomoda, pretendía no callar nada y practicar la sinceridad en todo su esplendor, no se daba cuenta que eso era lo que tristemente los alejaba mas.
En un momento se quedaron suspendidos en el silencio y el ruido de los autos, de la ciudad. Se miraron y unieron sus cuerpos formando un abrazo extraño en esencia. Z cerro los ojos diciendo gracias y entendiendo la situación contraria de la verdadera. A también los cerro y pronunciando un débil de nada se alejo caminando lento sin desviarse de su destino. Abrió la puerta, apago la luz y entro en su cama con los ojos húmedos y la garganta apretada. Se durmió.
Z no pudo hacer algo, se quedo inmóvil esperando cualquier cosa. Se quedo solo con peso de la culpa y la des-razón, entre el frio de la noche y el ruido de la ciudad.
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