jueves, 10 de febrero de 2011



Se lo vuelvo a preguntar al viento, pero su única respuesta es que no hay respuesta, entonces me rindo algunos minutos y cierro la boca para luego volver al interrogatorio esperando una que otra palabra que me calme.

Al instante la luna cae sobre mi y me violenta a escondidas para mantener su tranquila apariencia, yo lo acepto en silencio, no me quejo porque se que lo merezco. Ella solo hace justicia por los demás y es comprensible.

Me gustaría tener la fuerza para decir ¡BASTA!, pero su respiración me alcanza y envuelve mientras voy durmiendo mis ojos y dejo que mi memoria vuele; por mas que le enseñe a ser generosa y compartir recuerdos, ella insiste en su egoísmo y vuelve a guardar “Mis documentos” para mi, para que sonría, sufra y llore. También para autoasesinarme.

Todo cobra cero sentido, yo me siento a esperar la hora de la danza secreta, espero espero y espero hasta que aparece la luz verde que susurra al comienzo para luego convertirse en un grito inalcanzable. La belleza de sus movimientos me impresiona, esa que delicadeza me paraliza, esa libertad que me enamora, esas figuras que me drogan, esa energía que me anestesia, son los milagros que me dan la vida para luego ahogarme en su sutil, cruel, obsesivo y oculto ser, esperar exactamente 16  segundos y devolverme en sus labios la vida que me arrebató horas antes.

Quisiera llenarme hasta no poder mas de su verde gracioso y fugaz y eterno, quisiera fundirme en su cuerpo y su alma, romper todos los escudos y deshacernos juntos.

Si, todo lo que empieza termina al cumplir el mismo ciclo que cumplirá quizás cuantas veces mas; lo que es yo, ahora me marcho, me voy no se donde, sin embargo se que en cualquiera de estas noches oscuras nos volveremos a contar los secretos que callan las manos y atan los labios, se con certeza que volverás a buscarme y seremos los primeros en pisar realmente la luna.

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